¿Cuál es la función de las bacterias intestinales en la salud humana?
Última actualización : 18 February 2025
Tu cuerpo alberga trillones de microorganismos, como bacterias, levaduras y virus, que viven en diversas zonas como la piel, la nariz, la boca y el intestino. Muchos de estos microorganismos residen en el intestino y, entre ellos, las bacterias desempeñan un papel especialmente importante en la regulación de la salud a través de la regulación hormonal, la regulación del metabolismo, la respuesta inmunitaria y la digestión. Pero eso no es todo, las bacterias intestinales están relacionadas con una serie de trastornos de la salud, desde enfermedades metabólicas como la obesidad y la diabetes de tipo 2, hasta trastornos de salud mental. En este artículo analizamos qué son las bacterias intestinales y cómo afectan a nuestra salud en general.
¿Qué son las bacterias intestinales?
El tracto gastrointestinal humano alberga una vasta comunidad de más de 100 trillones de microorganismos, principalmente bacterias. Una de las muchas funciones de estas bacterias es ayudarnos a digerir y utilizar los nutrientes procedentes de los alimentos que tomamos. También desempeñan otras funciones importantes que regulan nuestra salud en general, como el apoyo a nuestro sistema inmunitario 1.
La comunidad de microorganismos que viven en el intestino de cada persona es única y se denomina microbiota intestinal. En primer lugar, la microbiota intestinal está influida por la genética y el nacimiento, pero cambia a lo largo de la vida de la persona debido a factores como la dieta, la edad, la ubicación geográfica y el uso de determinados medicamentos, como los antibióticos 2,3. La microbiota intestinal, junto con su material genético y los metabolitos asociados que viven en el tracto intestinal, se denomina microbioma intestinal.
Aunque no existe una definición consensuada de «microbioma intestinal sano», en parte porque el microbioma de cada persona es único (¡incluso entre gemelos idénticos!) y porque el microbioma cambia a lo largo de la vida, hay determinados indicadores que pueden ayudarnos a comprender las características que contribuyen a que los resultados para la salud sean positivos o negativos. Y lo que es más importante, sabemos que tener mucha diversidad en nuestras bacterias intestinales hace que nuestro microbioma sea más capaz y resistente2. En los adultos, un microbioma con muchos tipos diferentes de bacterias funciona con más eficacia que uno con solo unos pocos tipos, porque si una bacteria no puede hacer su trabajo la sustituye otra.
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Fig. 1: Ilustración de la diferencia entre microorganismos, microbiota y microbioma.
¿Cómo influyen las bacterias intestinales en nuestra salud?
Nuestras bacterias intestinales contribuyen a muchas funciones corporales esenciales, como la producción de vitaminas y la absorción de nutrientes, la respuesta del sistema inmunitario, la regulación hormonal, la regulación del metabolismo y la protección frente a agentes patógenos nocivos 4.
Cuando se altera el equilibrio de los microorganismos en el intestino, puede afectar negativamente a estas funciones y producirse una enfermedad conocida como disbiosis. La disbiosis intestinal se ha relacionado con problemas de salud como alergias, enfermedades autoinmunes, ciertos tipos de cáncer, asma, enfermedades metabólicas como diabetes de tipo 2 y obesidad, y trastornos mentales como ansiedad y depresión1. Sin embargo, aún no está claro si los cambios en las bacterias intestinales causan estas enfermedades o son consecuencia de ellas4.
Los investigadores también han descubierto que las personas que padecen determinadas enfermedades suelen tener diferentes tipos de bacterias en el intestino en comparación que las que no las padecen. Por ejemplo, las personas con enfermedad inflamatoria intestinal (EII) o diabetes de tipo 2 tienden a tener una microbiota intestinal claramente diferente de la de los que no padecen estas afecciones.
¿Cómo afectan las bacterias intestinales a nuestro sistema inmune?
Una gran parte de nuestro sistema inmunitario, alrededor del 70-80 % de las células inmunitarias del organismo, se encuentra en el intestino. Aquí, las células inmunitarias interactúan continuamente con las bacterias intestinales. Esta estrecha relación es fundamental para dar forma al sistema inmunitario, porque ayuda a crear, desarrollar y regular diversas células inmunitarias mientras protege contra patógenos nocivos. A cambio, las células inmunitarias ayudan a estabilizar el equilibrio de los microorganismos intestinales. Esta asociación es vital para mantener la estabilidad del sistema inmunitario y conservar la salud del organismo. Sin embargo, si se alteran la estructura y la función de la microbiota intestinal, puede producirse un crecimiento excesivo de bacterias nocivas, lo que aumenta el riesgo de infecciones y otros problemas de salud3.
¿Las bacterias intestinales pueden afectar a la salud mental?
Existe una conexión significativa entre el intestino y el cerebro, comúnmente denominada «eje intestino-cerebro». Este sistema de comunicación de dos direcciones significa que el intestino puede influir en el rendimiento cognitivo, el estado de ánimo y el comportamiento. Por ejemplo, los problemas relacionados con el intestino como el síndrome del intestino irritable (SII), pueden afectar a lo que ocurre en el cerebro y viceversa, el estrés es uno de los principales desencadenantes de los síntomas del SII y la enfermedad está estrechamente relacionada con los trastornos de ansiedad, los traumas en los primeros años de vida o la depresión 6,7 . Por lo tanto, nuestra mente y nuestra salud mental pueden tener un impacto significativo en nuestro intestino, ampliando nuestra comprensión de la salud mental más allá del propio cerebro8,9.
Varios estudios sugieren que la diversidad y composición de la microbiota intestinal desempeñan un papel en afecciones como la depresión, la ansiedad y otros trastornos psicológicos. La investigación también está explorando el papel de la microbiota intestinal en la progresión de trastornos neurológicos como el Alzheimer, el ictus cerebrovascular, la enfermedad de Parkinson y la esquizofrenia4,9.
Una nueva investigación estudia cómo podría contribuir a mejorar la salud mental la mejora de las funciones del microbioma intestinal. Por ejemplo, ensayos clínicos existentes han demostrado que los probióticos, bacterias beneficiosas que influyen en el vínculo intestino-cerebro, podrían ayudar a reducir la ansiedad, mejorar el estado de ánimo e incluso potenciar la función cognitiva en afecciones como el trastorno bipolar . Esto ha dado lugar al término «psicobiótico» para describir cómo los probióticos (y prebióticos) podrían aliviar los síntomas de salud mental8,9,10.
Los patrones dietéticos tienen un fuerte impacto en la microbiota intestinal y también se están estudiando por su repercusión en la salud mental 11. Por ejemplo, se ha demostrado que las dietas ricas en grasas de origen animal alteran el equilibrio de los microorganismos intestinales, mientras que, por otro lado, la dieta mediterránea (rica en fibra y prebióticos procedentes de cereales integrales, frutos secos y verduras) se ha relacionado con la reducción de la aparición de afecciones psiquiátricas y del riesgo de depresión 4,12.
¿Cómo influyen las bacterias intestinales en la pérdida de peso?
Muchos estudios han identificado vínculos significativos entre las bacterias intestinales, el aumento de peso y la obesidad. Nuestras bacterias intestinales ayudan a regular el peso corporal al influir en los niveles de energía, el apetito, la forma en que absorbemos los nutrientes y la función del tejido adiposo, que influye en la forma en que nuestro cuerpo almacena la grasa5,13 ,14. Por ejemplo, en personas con obesidad, las bacterias intestinales extraen mejor la energía de los alimentos que en las que tienen un peso normal. En particular, las personas con obesidad suelen tener una menor diversidad y diferentes tipos de bacterias intestinales en comparación con las personas sin obesidad, y los tipos de bacterias que se encuentran en el intestino pueden variar en función de la gravedad de la obesidad 15,16 . Un desequilibrio en las bacterias intestinales puede contribuir al desarrollo de la obesidad porque afecta al metabolismo y al almacenamiento de grasa, y también puede ser consecuencia de la obesidad, en la que las bacterias intestinales se desequilibran debido al aumento de peso1. El desarrollo de la microbiota en la primera infancia también puede influir en el crecimiento del niño o niña y en el riesgo de obesidad más adelante.
Gran parte de las pruebas que relacionan las bacterias intestinales y la obesidad proceden de estudios con animales. Se han realizado muchos estudios con seres humanos, pero son limitados debido a la existencia de poblaciones subrepresentadas y a los resultados contradictorios15. Los estudios existentes han mostrado asociaciones entre los cambios en las bacterias intestinales, como los causados por los antibióticos, y el desarrollo de aumento de peso1,17. Dado que los resultados de los estudios con animales no pueden aplicarse directamente a los seres humanos, es necesario seguir investigando para comprender cómo y en qué medida puede influir el microbioma intestinal en el metabolismo humano 18.
En la modificación de la composición de la microbiota intestinal a través de la dieta, los probióticos o prebióticos han demostrado ser prometedores como una estrategia de control del peso. Pueden ser necesarios enfoques personalizados e intervenciones combinadas para lograr mejoras para las personas 19. De manera significativa, es esencial que todos los tratamientos relacionados con el microbioma se lleven a cabo bajo supervisión médica profesional para garantizar su seguridad y eficacia.
Investigación destacada: El proyecto BETTER4U, financiado por la UE, trabaja en el desarrollo de intervenciones personalizadas contra la obesidad y el aumento de peso. El objetivo del proyecto es comprender cómo influyen en el aumento de peso factores como la genética, la epigenética, el estilo de vida, el medio ambiente y el microbioma intestinal, e identificar posibles cepas microbianas que podrían ayudar a perder peso.
¿Qué factores influyen en la composición de las bacterias intestinales?
Parto y primeros años de vida
El microbioma intestinal empieza a formarse en los primeros años de vida. El parto de un bebé, ya sea vaginal o por cesárea, puede influir en los tipos de bacterias que se asientan en el intestino. Los bebés nacidos por parto vaginal obtienen sus bacterias intestinales principalmente de las bacterias vaginales de la madre. Los bebés nacidos por cesárea adquieren diferentes bacterias del entorno que les rodea, por ejemplo de la piel de la madre, de la piel del médico y del ambiente circundante. Esto tiende a influir en la composición de la microbiota intestinal de los lactantes hasta 6 meses después del nacimiento16.
La alimentación también es un factor importante en el desarrollo de la microbiota de un lactante, ya sea con leche materna o artificial. La leche materna es rica en nutrientes esenciales como grasas, proteínas, carbohidratos e inmunoglobulinas y todos ellos favorecen la diversidad de la microbiota. Las mejoras en la fórmula de la leche infantil, como la adición de oligosacáridos específicos, tienen como objetivo promover una microbiota rica en cepas de bacterias beneficiosas vinculadas con resultados positivos para la salud. A medida que crece el bebé, su microbiota evoluciona y, al llegar a los tres años de edad la microbiota intestinal se asemeja bastante a la de un adulto 20,21.
Efectos de los antibióticos
Los antibióticos nos ayudan a combatir las infecciones bacterianas (potencialmente mortales), pero al hacerlo también pueden dañar los microorganismos beneficiosos de nuestro intestino. Los antibióticos reducen la diversidad microbiana y alteran los atributos funcionales del microbioma intestinal, lo que puede provocar disbiosis21. El alcance de estos cambios depende de varios factores, como el antibiótico específico utilizado, la dosis y el periodo de uso17. Aunque el impacto de los antibióticos suele ser a corto plazo, también se han documentado alteraciones de la microbiota intestinal durante periodos prolongados, y algunos casos se asocian a un mayor riesgo de asma, alergias alimentarias o aumento de peso 22.
El uso de antibióticos puede provocar casos leves o más graves de diarrea, causada por el patógeno Clostridioides difficile. Tomar probióticos durante el tratamiento antibiótico puede reducir el riesgo de desarrollar diarrea asociada a los antibióticos 23.
Es importante ser consciente de los peligros del uso, mal uso y abuso de los antibióticos23. Tome antibióticos solo cuando se los recete su médico (y no se automedique), siga los consejos de su médico de familia y termine toda la receta.
Dieta y estilo de vida
La dieta y el estilo de vida tienen una gran influencia en dar forma a la composición y función de nuestras bacterias intestinales a largo plazo19,24. Las bacterias intestinales dependen en gran medida de los alimentos que comemos, que pueden favorecer o perjudicar su funcionamiento. Por ejemplo, las bacterias intestinales fermentan sustratos no digeribles como las fibras alimentarias (por ejemplo, los prebióticos), un proceso que produce ácidos grasos de cadena corta, importantes para regular el metabolismo y la inflamación, y reducir el riesgo de enfermedad13,25. En general, las dietas ricas en fibra, alimentos vegetales y cereales integrales ayudan a mantener un microbioma diverso. Por el contrario, las dietas caracterizadas por alimentos pobres en fibra pueden reducir la diversidad microbiana12.
El consumo de probióticos o prebióticos, ya sea en forma de suplementos o a través de determinados alimentos, puede mejorar la salud intestinal porque favorecen la presencia de bacterias intestinales beneficiosas26. Los tratamientos probióticos tienen el potencial de restaurar la disbiosis intestinal limitando el crecimiento de bacterias nocivas y reforzando las funciones de la barrera intestinal1,21. Por este motivo, los probióticos se han estudiado en ensayos clínicos por su potencial terapéutico en el tratamiento de una amplia gama de afecciones, desde la diabetes tipo 2 y la obesidad hasta los trastornos mentales.
En cuanto a los factores relacionados con el estilo de vida, el ejercicio físico regular, la interacción con mascotas, pasar tiempo en la naturaleza y dormir lo suficiente pueden fomentar una comunidad microbiana diversa y sana en el intestino. Por otro lado, la exposición a contaminantes ambientales, el tabaquismo y el consumo excesivo de alcohol pueden reducir la diversidad microbiana y alterar el equilibrio entre bacterias beneficiosas y perjudiciales. Esto puede provocar un aumento de la inflamación y un mayor riesgo de enfermedad. También es importante gestionar el estrés, porque el estrés crónico puede afectar negativamente a la digestión, reducir la presencia de bacterias beneficiosas y causar problemas en la barrera intestinal, lo que conduce a la inflamación 26,27.
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Fig. 2: ¿Qué factores influyen en la microbiota intestinal?
¿Qué alimentos favorecen la salud de las bacterias intestinales?
En general, una dieta equilibrada rica en diversidad de frutas y verduras, productos fermentados con microorganismos vivos y grasas saludables (es decir, grasas insaturadas) es fundamental para fomentar un microbioma intestinal diverso. Algunos alimentos que pueden favorecer un intestino sano son:
- Alimentos ricos en fibra: frutas, verduras y cereales integrales como las bayas, las verduras de hoja verde y la quinoa son grandes fuentes de fibra. Aumentan la presencia de bacterias diversas y beneficiosas mientras también aportan nutrientes esenciales.
- Alimentos fermentados: algunos alimentos fermentados como el yogur, el kéfir, el kimchi y el chucrut contienen microorganismos vivos y suelen ser ricos en bacterias probióticas. Su consumo puede introducir bacterias saludables directamente en el intestino.
- Alimentos ricos en prebióticos: Los prebióticos actúan como alimento para las bacterias intestinales beneficiosas y pueden encontrarse en diversas fuentes de alimentos, como la achicoria, las semillas de chía, las semillas de lino, la cebolla, el ajo, las almendras, la alcachofa, la avena y muchas plantas 28.
- Alimentos ricos en polifenoles: frutas como las frambuesas, los arándanos, las naranjas, las uvas, la granada, la piña y el pomelo; verduras como las berenjenas y los chiles; frutos secos como la avellana y la castaña; el té (como el verde, el negro y el oolong) y el café son ricos en polifenoles, que pueden favorecer el crecimiento de microorganismos beneficiosos , , .
- Alimentos ricos en ácidos grasos omega-3 y omega-6: las nueces, las semillas de lino y el pescado azul, como el salmón, la caballa y las sardinas, tienen propiedades antiinflamatorias que ayudan a mantener un entorno intestinal equilibrado.
Los alimentos ricos en grasas saturadas, como los fritos, y los ricos en azúcares añadidos y libres, como los refrescos y los dulces, pueden afectar negativamente a las bacterias intestinales . Prueba a cambiar las patatas fritas por verduras crudas y hummus o a sustituir un postre azucarado por una ensalada de fruta fresca.
Investigación destacada: El proyecto DOMINO, financiado por la UE, investiga el impacto de los alimentos fermentados en el microbioma intestinal y su relación con los beneficios para la salud. Este proyecto contribuirá a comprender mejor cómo las recomendaciones dietéticas basadas en alimentos fermentados pueden favorecer la recuperación de las personas con síndrome metabólico.
Conclusión
Las bacterias que viven en el intestino humano son esenciales para la salud humana. Exactamente cómo, hasta qué punto y en qué áreas de la salud humana influyen nuestros «habitantes» microbianos es un área de investigación en plena expansión. Aunque siguen existiendo lagunas en los conocimientos, hay vínculos bien establecidos que demuestran que las bacterias intestinales influyen en nuestro funcionamiento: desde la digestión y la función inmunitaria hasta la salud mental y el control del peso. El equilibrio y la diversidad de las bacterias intestinales, que indica el buen funcionamiento de una comunidad microbiana, dependen de una compleja interacción de factores, como la dieta, el estilo de vida, la genética, la epigenética y la exposición microbiana en los primeros años de vida. Mantener un microbioma intestinal diversa mediante una dieta equilibrada rica en fibra, alimentos fermentados y prebióticos, junto con opciones de estilo de vida positivas como el ejercicio regular y la gestión del estrés, puede favorecer no solo la salud digestiva sino también contribuir a reducir el riesgo de diversas enfermedades crónicas.
Este artículo se ha redactado en colaboración con el EUFIC e investigadores de los proyectos DOMINO y BETTER4U.
Descargo de responsabilidad sobre la financiación de los proyectos mencionados:
El proyecto DOMINO ha recibido financiación del programa de investigación e innovación Horizonte Europa de la Unión Europea en virtud del acuerdo de subvención n.º 101060218.
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El proyecto BETTER4U ha recibido financiación del programa de investigación e innovación Horizonte Europa de la Unión Europea en virtud del acuerdo de subvención n.º 101080117.
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